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miércoles, 8 de mayo de 2013

José Manuel Leciñena: "El objetivo de todos los agricultores es sacar la mayor cantidad de cosecha posible”




Hasta ahora hemos hablado más de la parte contraria al uso de transgénicos que de quienes lo ven como una ventaja. Héctor Castán, ingeniero técnico agrícola especializado en Industrias agrarias y alimentarias, ya nos hablaba en un post sobre algunos de los beneficios de los transgénicos; así como Miguel Calvo, profesor del Área de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza, nos explicaba su funcionamiento. Pero hoy queremos ir más allá para contrarrestar las opiniones ofrecidas por agricultores ecológicos en otras publicaciones

Por eso hemos hablado con José Manuel Leciñena, agricultor de productos transgénicos. Decidió empezar con este tipo de cultivos “porque la cantidad de la cosecha es mayor y el cultivo sufre menos plagas”. Principalmente, el tratamiento empleado en este caso está destinado a erradicar la araña roja, un ácaro muy común en el clima mediterráneo, que puede aparecer en todo tipo de cultivo hortícola, extensivo, ornamental, frutal… Su principal daño es que la planta queda deshidratada.

 

Leciñena compra las semillas transgénicas a los mismos proveedores que venden las variedades tradicionales. Planta su cultivo y lo cuida durante el periodo de crecimiento de las plantas; después de la cosecha, vende su producto a las cooperativas de compra de grano. “El transgénico va destinado a pienso de animales y el convencional se destina principalmente para el consumo humano, aunque también es habitual usarlo para pienso”, señala.

Pero este agricultor también tiene cultivo convencional –aunque menos, por ser menos productivo– para cumplir con el “refugio” o perímetro de cultivo no transgénico que debe cumplir por norma para no contaminar los cultivos de sus vecinos.

José Manuel nunca ha tenido problemas con nadie por cultivar transgénicos, y es que él cree que no hay tantas diferencias entre los agricultores ecológicos, convencionales y de transgénicos: “no hay unos objetivos diferentes por cultivar productos transgénicos, el objetivo común para todos los agricultores es sacar la mayor cantidad de cosecha posible con una calidad óptima”.

viernes, 3 de mayo de 2013

Quiero tener un cultivo ecológico... ¿Y poder?


Tener un huerto ecológico no es tan fácil como decidir comprar semillas ecológicas, sembrarlas y recoger los frutos. En primer lugar, es necesario cumplir varias normas para que el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica (CAAE) declare los cultivos como ecológicos. Un velador controla todo lo que se hace en el campo que se propone para ser ecológico y se analizan los productos. Cuando se cumplen los dos años de control, la tierra es ecológica y también los productos que salen de ella.

Pero estas trabas, que no son pocas, no son las únicas para los agricultores ecológicos. Aunque los cultivos de transgénicos tienen que estar rodeados por un perímetro de producto que no esté modificado genéticamente, por norma, en muchas ocasiones contaminan los cultivos ecológicos. 

Carlos Polo, técnico de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA), explica dónde está el conflicto: “los problemas vendrían por contaminación de las producciones ecológicas por la polinización cruzada de la variedad OGM que contiene el gen MON810”.


“Según el Real Decreto de Coexistencia, debe haber una distancia entre cultivos, pero la distancia es ineficaz porque el polen vuela más de los metros que ponen. Realmente lo que tienen que tener es una “zona refugio”, para evitar que se creen  resistencias en la fauna hacia el gen insecticida” –explica Carlos Polo–, “es decir, si toda la zona tiene este gen, nacerán insectos resistentes a él. Para evitar eso se ponen zonas que no son transgénicas para que allí vivan insectos susceptibles al insecticida para que así no haya problemas de resistencias”.

La contaminación hace que los agricultores que consiguen que sus campos sean catalogados como ecológicos, solo puedan vender sus productos como convencionales. La contaminación es suficiente para que se descalifiquen para agricultura ecológica, pero normalmente no deberían ser lo bastante como para que sean etiquetadas como transgénicas  (debería etiquetarse como tal cuando superara el 1% de modificación genética). 

Las semillas ecológicas tienen un coste elevado que las convencionales; los cultivos ecológicos llevan más trabajo que los convencionales, y por tanto los productos resultantes de los agricultores ecológicos tienen un valor añadido que hace que sean más caros que los convencionales. 

Pero si tus cultivos, inicialmente ecológicos, son contaminados por transgénicos y pasan a ser convencionales… el producto final no se puede vender como ecológico, y el agricultor pierde dinero como consecuencia de esa contaminación de la que hablamos. 


Juan Carlos Simón es agricultor desde siempre: cosecha más de 500 hectáreas de cultivos ecológicos y convencionales entre forrajes, cereales y leguminosas. Lleva más de veinte años trabajando el campo sin utilizar insecticidas ni fungicidas. Sin embargo, su cultivo no es ecológico: ha sido varias veces contaminado. “La agricultura convencional solo me ha creado problemas de salud y de ética; es rentable, siempre y cuando no te contaminen, y te ayuden tal y como se ayuda al convencional. Hago agricultura ecológica sin declarar y la vendo como convencional”. 

En la práctica, ¿qué es más rentable, el cultivo de transgénicos, el  convencional o el ecológico? “Los transgénicos nunca dan más cosecha que sus isogénicos convencionales. Si se trabaja adecuadamente, cualquier buen maíz convencional puede producir más que el transgénico. Esto lo han comprobado muchos agricultores grandes ya y han vuelto a utilizar el cultivo convencional”, explica Juan Carlos. “El ecológico tiene otro mercado y otro sistema: no es comparable. En ecológico sin gastar sacar la mitad puede significar sacar el doble de dinero, siempre y cuando no te contaminen”.

Esta situación genera muchos problemas entre agricultores de cultivos ecológicos y agricultores de transgénicos. “Yo siempre me he negado a denunciar a mis vecinos: he hablado con ellos. Vivo en Tauste y nos conocemos todos. Al final tienes que convivir e interrelacionarte”. Esa es la clave, ya que en Aragón no existe legislación al respecto. 

Pero no todo es malo, según cuenta Juan Carlos: “Se está reduciendo mucho la superficie de transgénicos en Aragón. He hablado con los vecinos y, con algunos trucos de siembra, empiezo a no ser contaminado y podré volver al cultivo ecológico”.


Alberto Lasala era agricultor convencional de maíz y alfalfa, pero no se conformó con ello porque le veía poco futuro, así que se puso una huerta ecológica. “Si un agricultor está envenenando a la gente venga a echar insecticidas y a usar invernaderos, tiene un fallo muy grande: no está cumpliendo con su función del agricultor porque no está alimentando bien a la gente”.

Sobre el uso de transgénicos, opina que “está todo pensado para conseguir dinero rápidamente. Esos productos híbridos no van a ninguna parte, no hacen más que acumular nitrógeno y agua envenenada, y no alimentan”. 

Y está convencido de que no es necesario echar mano de transgénicos, híbridos, sulfatos ni insecticidas porque según él, en Aragón “podemos producir mucho y barato porque tenemos buenos vientos, buenas aguas”.


Amelia y Ángeles Gracia son dos hermanas de Montañana que tienen huertas ecológicas. “Cultivo verdura, fruta… solamente con fiemo y agua, sin sulfatos. Lo que se cría con el fiemo, crece sin coger gusanos, pero si les echas sulfato, debajo te salen más y eso no es ecológico”. 

Aunque las dos tienen más de 70 años, son firmes defensoras de la agricultura ecológica: “Me da lo mismo que la fruta salga más fea, yo la cojo y sé lo que me como, pero si la compro en la verdulería, no lo sé”.

martes, 30 de abril de 2013

El uso de los transgénicos: dos caras de una misma moneda

"Lo mejor de una manzana no es que sea bonita y grande", asegura Alberto Lasala, presidente del Comité aragonés de agricultura ecológica y hortelano ecológico. Solo emplea estiércol, agua y tierra para producir los productos de su huerta, y ha llegado a venderlos en Europa.

Sin embargo, Héctor Castán, ingeniero técnico agrícola especializado en Industrias agrarias y alimentarias, argumenta: "estoy a favor porque gracias a los transgénicos podremos controlar epidemias que afectan a las cosechas y así poder tener una mayor producción a un coste menor".



Sobre el aumento de la producción, Alberto nos lanza una pregunta.:“¿Para qué queremos tanta cantidad y kilos, si se saturan los mercados y tiran la mitad de los productos? Esos productos híbridos no van a ninguna parte, no hacen más que acumular nitrógeno y agua envenenada, y no alimentan”

Héctor, por su parte, continúa hablando sobre el uso de transgénicos: "si fuesemos buenas personas, serviría para erradicar el hambre en África, puesto que gracias a las mejoras genéticas en variedades de cereales y arroz, estos podrían aguantar las sequías y temperaturas de los países menos desarrollados".


"Parecía que aquellas semillas híbridas de los años 50 iban a acabar con el hambre en el mundo y hoy podemos decir que quien tiene dinero, come; y el que no tiene dinero, aún con tanta producción que hay y se tira, no come", sostiene el agricultor Alberto Lasala.
 
Como venimos observando en torno a este tema, hay varios aspectos del debate que son los que inclinan a estar a favor o en contra de los transgénicos: la ética de su uso, las consecuencias, la producción, su supuesta ventaja económica... Y tú, ¿qué opinas?


Aragón sin transgénicos detalla los 5 puntos más importantes por los que se oponen a los cultivos transgénicos:
  1. El avance de la ciencia y la tecnología nos ha demostrado que la técnica utilizada para conseguir plantas transgénicas es imprecisa y su cultivo tiene consecuencias imprevisibles y peligrosas para la biodiversidad, la salud animal y humana.
  2. Los productos de las plantas insecticidas y tolerantes al herbicida introducen moléculas tóxicas en la cadena alimentaria y al ingerirlas aumenta la posibilidad de desarrollar enfermedades.
  3. Son contaminantes e invasores, trasladan su información genética al mundo natural contaminando la flora y la fauna, surgen hierbas tolerantes al herbicida y las larvas de taladro resistentes obligan a aumentar las dosis de los tratamientos, y desplazan por contaminación los cultivos tradicionales y ecológicos.
  4. Las plantas insecticidas y tolerantes al herbicida no pueden superar en producción a su holólogo híbrido de consumo humano ya que tienen las mismas propiedades agroconómicas. No es su objetivo acabar con el hambre en el mundo, ni mejorar la calidad de los productos, ni la situación de los agricultores. Son cultivos concebidos para maximizar los beneficios de las multinacionales de semillas que son las mismas que controlan la industria química y farmacéutica y nos perjudican a todos.
  5. La Agencia de Seguridad Alimentaria Europea no ha realizado ningún estudio de corta o larga duración, se dedica a convalidar los datos de los realizados por las multinacionales, que alegando motivos de protección a la competencia no se hacen públicos. 

¿Estás de acuerdo con algún punto? ¿No? Cuéntanoslo, tu opinión es lo más importante en este blog.