Tener un huerto ecológico no es tan fácil como decidir comprar semillas ecológicas, sembrarlas y recoger los frutos. En primer lugar, es necesario cumplir varias normas para que el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica (CAAE) declare los cultivos como ecológicos. Un velador controla todo lo que se hace en el campo que se propone para ser ecológico y se analizan los productos. Cuando se cumplen los dos años de control, la tierra es ecológica y también los productos que salen de ella.
Pero estas trabas, que no
son pocas, no son las únicas para los agricultores ecológicos. Aunque los
cultivos de transgénicos tienen que estar rodeados por un perímetro de producto
que no esté modificado genéticamente, por norma, en muchas ocasiones contaminan
los cultivos ecológicos.
Carlos Polo, técnico de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA), explica dónde
está el conflicto: “los problemas vendrían por contaminación de las
producciones ecológicas por la polinización cruzada de la variedad OGM que
contiene el gen MON810”.
“Según el Real Decreto de
Coexistencia, debe haber una distancia entre cultivos, pero la distancia es
ineficaz porque el polen vuela más de los metros que ponen. Realmente lo que
tienen que tener es una “zona refugio”, para evitar que se creen resistencias en la fauna hacia el gen
insecticida” –explica Carlos Polo–, “es
decir, si toda la zona tiene este gen, nacerán insectos resistentes a él. Para
evitar eso se ponen zonas que no son transgénicas para que allí vivan insectos
susceptibles al insecticida para que así no haya problemas de resistencias”.
La contaminación hace que
los agricultores que consiguen que sus campos sean catalogados como ecológicos,
solo puedan vender sus productos como convencionales. La contaminación es
suficiente para que se descalifiquen para agricultura ecológica, pero
normalmente no deberían ser lo bastante como para que sean etiquetadas como
transgénicas (debería etiquetarse como
tal cuando superara el 1% de modificación genética).
Las semillas ecológicas
tienen un coste elevado que las convencionales; los cultivos ecológicos llevan
más trabajo que los convencionales, y por tanto los productos resultantes de
los agricultores ecológicos tienen un valor añadido que hace que sean más caros
que los convencionales.
Pero si tus cultivos,
inicialmente ecológicos, son contaminados por transgénicos y pasan a ser
convencionales… el producto final no se puede vender como ecológico, y el
agricultor pierde dinero como consecuencia de esa contaminación de la que
hablamos.
Juan Carlos Simón es agricultor desde siempre: cosecha más de 500
hectáreas de cultivos ecológicos y convencionales entre forrajes, cereales y
leguminosas. Lleva más de veinte años trabajando el campo sin utilizar
insecticidas ni fungicidas. Sin embargo, su cultivo no es ecológico: ha sido
varias veces contaminado. “La agricultura convencional solo me ha creado
problemas de salud y de ética; es rentable, siempre y cuando no te contaminen,
y te ayuden tal y como se ayuda al convencional. Hago agricultura ecológica sin
declarar y la vendo como convencional”.
En la práctica, ¿qué es
más rentable, el cultivo de transgénicos, el convencional o el ecológico? “Los transgénicos
nunca dan más cosecha que sus isogénicos convencionales. Si se trabaja
adecuadamente, cualquier buen maíz convencional puede producir más que el
transgénico. Esto lo han comprobado muchos agricultores grandes ya y han vuelto
a utilizar el cultivo convencional”, explica Juan Carlos. “El ecológico tiene
otro mercado y otro sistema: no es comparable. En ecológico sin gastar sacar la
mitad puede significar sacar el doble de dinero, siempre y cuando no te
contaminen”.
Esta situación genera
muchos problemas entre agricultores de cultivos ecológicos y agricultores de
transgénicos. “Yo siempre me he negado a denunciar a mis vecinos: he hablado
con ellos. Vivo en Tauste y nos conocemos todos. Al final tienes que convivir e
interrelacionarte”. Esa es la clave, ya que en Aragón no existe legislación al
respecto.
Pero no todo es malo,
según cuenta Juan Carlos: “Se está reduciendo mucho la superficie de
transgénicos en Aragón. He hablado con los vecinos y, con algunos trucos de
siembra, empiezo a no ser contaminado y podré volver al cultivo ecológico”.
Alberto Lasala era agricultor convencional de maíz y alfalfa, pero no se conformó con
ello porque le veía poco futuro, así que se puso una huerta ecológica. “Si un
agricultor está envenenando a la gente venga a echar insecticidas y a usar
invernaderos, tiene un fallo muy grande: no está cumpliendo con su función del
agricultor porque no está alimentando bien a la gente”.
Sobre el uso de
transgénicos, opina que “está todo pensado para conseguir dinero rápidamente. Esos
productos híbridos no van a ninguna parte, no hacen más que acumular nitrógeno
y agua envenenada, y no alimentan”.
Y está convencido de que
no es necesario echar mano de transgénicos, híbridos, sulfatos ni insecticidas
porque según él, en Aragón “podemos producir mucho y barato porque tenemos
buenos vientos, buenas aguas”.
Amelia y Ángeles Gracia son dos hermanas de Montañana que tienen huertas
ecológicas. “Cultivo verdura, fruta… solamente con fiemo y agua, sin sulfatos.
Lo que se cría con el fiemo, crece sin coger gusanos, pero si les echas
sulfato, debajo te salen más y eso no es ecológico”.
Aunque las dos tienen más
de 70 años, son firmes defensoras de la agricultura ecológica: “Me da lo mismo
que la fruta salga más fea, yo la cojo y sé lo que me como, pero si la compro
en la verdulería, no lo sé”.




