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sábado, 27 de abril de 2013

Aragón se sitúa en el primer puesto en cultivo de transgénicos



¿Sabías que Aragón es el lugar del mundo donde más transgénicos se cultivan en relación a su superficie? Un 35% de los productos transgénicos de Europa se cultivan aquí, en Aragón, lo que supone un 41% en relación al resto del país. 

En concreto, la principal plantación de estas características  es la variedad de maíz transgénico MON810, que a su vez está prohibida en siete estados europeos (Bélgica, Gran Bretaña, Bulgaria, Francia, Alemania, Irlanda y Eslovaquia).  

Según explica Miguel Calvo, profesor del Departamento de Producción Animal y Ciencia de los Alimentos del Área de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza, “el maíz transgénico de Aragón es resistente a insectos, de manera que el barrenador del maíz, que es endémico del Ebro, no se va a comer la cosecha de maíz transgénico porque en el momento en que muerde el maíz, se muere”. Eso se consigue mediante la colocación de una toxina bacteriana de un patógeno que afecta a ese tipo de lepidópteros y que le causa la muerte.  

Esto es algo que atenta contra la ética de agricultores ecológicos, como Juan Carlos Simón, de Tauste, cuyo objetivo como agricultor es "tener dignidad humana y natural, hacer alimentos sanos con la naturaleza y no contra la naturaleza, ser ecológico es ser un hombre que ama lo que hace y la naturaleza, además puede vivir de ello sin destruir a los demás, siempre y cuando el sistema le deje".

El debate está en una pregunta: ¿es lícito emplear unos productos en la agricultura que alteran el curso normal de la naturaleza? 

Pero no es la única, porque ¿qué hay de las consecuencias? Miguel Calvo, que ha publicado libros como "Aditivos Alimentarios. Propiedades, aplicaciones y efectos sobre la salud" o "La ciencia y la tecnología de los alimentos", asegura que la variedad MON019 “es inocua para un consumidor, para un cangrejo o para cualquier otro animal. Solo los lepidópteros son la diana de la toxina.”

Aunque en otro post ya vimos que el científico Séralini asocia el consumo un tipo de maíz modificado genéticamente a la aparición de tumores. La variedad a la que se refería es el transgénico y pesticida NK603xMON810, con el qu ese está haciendo ensayos en cultivos de Ejea de los Caballeros, Grañén, Tauste y Zuera. Por eso Carlos Polo, técnico de UAGA-COAG, cree que "todavía no sabemos lo suficiente sobre genética como para ponerte a modificarlo. Si no sabes de algo, ponerte a hacerlo es peligroso".

En los próximos días continuaremos hablando de los transgénicos y la agricultura, pero mientras... tú qué crees: ¿es ética y moralmente correcto el uso de transgénicos en los cultivos? ¿Puede ser peligroso?

jueves, 18 de abril de 2013

El estudio de Seralini reaviva la polémica de los transgénicos

Fotos de las ratas del estudio, de izquierda a derecha: rata alimentada con maíz transgénico NK603; rata alimentada con maíz transgénico NK603 tratado con Roundup; rata alimentada con maíz no transgénico tratado con Roundup.

En septiembre del año 2012, Gilles-Eric Seralini, profesor de la Universidad de Caen, publicó un estudio que demostraba el impacto nocivo de los transgénicos sobre la salud. El estudio de este científico francés consistió en alimentar durante dos años a doscientas ratas de cuatro maneras distintas: un grupo alimentado con maíz normal, un grupo alimentado únicamente con maíz transgénico NK603; otro con maíz transgénico NK603 tratado con Roundup –un herbicida compuesto por glifosato que mata a todos los organismos excepto a las plantas transgénicas diseñadas para soportar sus efectos-, y un último grupo, con maíz no modificado genéticamente tratado con Roundup. Los resultados fueron escalofriantes: ratas con tumores del tamaño de pelotas de ping-pong.

A partir de entonces, comenzó una batalla campal entre dos bandos: los detractores de los transgénicos, que apoyan el estudio de Seralini; y los que defienden el uso de estos productos, apoyados por el grupo estadounidense Monsanto ‒propietario del maíz NK603 y del herbicida empleados en el estudio de Seralini.

El 28 de noviembre, la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria anunció su rechazo hacia el estudio por considerar que carecía de datos fidedignos. Científicos de todo el mundo emitieron un comunicado con los aspectos criticables del procedimiento que siguió Seralini: la fragilidad de las ratas de laboratorio ‒de la especie Sprague-Dawley‒ ya que son propensas al desarrollo de tumores y el reducido número de ratas utilizadas en el estudio, insuficiente ‒según los científicos detractores‒ para hacer un correcto análisis estadístico son algunos de los argumentos que utilizaron en su contra. Seralini contestó a las críticas pero este documento también fue invalidado.

Según Ignacio Escartín, miembro de Aragón Sin Transgénicos, el estudio de Seralini es el único estudio sobre el efecto de los transgénicos realizado a largo plazo ‒dos años, que representa la esperanza de vida de las ratas. Por esta razón, según Escartín, deberían tenerse en cuenta las conclusiones a las que llega Seralini. “Los estudios que se realizan sobre los transgénicos para comprobar si se pueden sacar al mercado duran entre tres y seis meses”, explica David Herrero, miembro de Aragón Sin Transgénicos.

domingo, 14 de abril de 2013

Transgénicos: qué son y qué tipos existen


Somos lo que comemos y en la actualidad los productos transgénicos forman parte de nuestra dieta. Soja, maíz y patatas son algunos de los organismos modificados genéticamente ‒también conocidos como OMG‒ que podemos encontrar en el mercado desde hace años. Los transgénicos son, según el Consejo Interministerial de Organismos Modificados Genéticamente, “aquellos cuyo material genético ha sido modificado de una manera que no se produce de forma natural en el apareamiento o en la recombinación natural”. Su origen artificial, desde los primeros transgénicos como la insulina y la timosina (proteína para fabricar el queso), ha sido motivo de discusiones acerca de su salubridad durante tres décadas.

Hay dos tipos de modificación genética en los transgénicos: una modificación que hace que los productos sean resistentes a determinadas composiciones químicas y otra modificación que hace que los productos segreguen unas sustancias. El maíz NK603 es un ejemplo de producto transgénico ya que es resistente a una composición química concreta: el Roundup. El Roundup, compuesto por glifosato, es un herbicida que extermina todas las malas hierbas y los insectos que están en el campo, de manera que solo sobrevive la planta de maíz transgénico. “Este tipo de transgénicos hacen necesario el uso de una mayor cantidad de productos químicos”, comenta Natividad Miguel, profesora del departamento de Ingeniería Química y Tecnologías del Medio Ambiente de la Universidad de Zaragoza. “Esto tiene repercusión a largo plazo en la alimentación ya sea por la presencia de tóxico o la probabilidad de originar alergias”, explica Miguel. Las semillas de maíz transgénico y el herbicida al que resisten son creados y comercializados por la misma empresa. Los dos vegetales transgénicos que la Unión Europea permite cultivar corresponden al segundo grupo de transgénicos: los que segregan una sustancia específica. Por un lado, la patata “amflora” que sirve para fabricar almidón con características más útiles que las patatas naturales para el sector industrial; se cultiva en Alemania y Suecia y, por otro lado, el maíz MON810. En España, solo se cultiva el segundo.

Imágen que resume la creación de un transgénico del segundo tipo.


La modificación genética del maíz MON810 es la incorporación de un gen que permite a la planta ser resistente a las plagas del taladro del maíz. “Los taladros de maíz Ostrinia nubilalis y Sesamia nonagrioides son considerados como una de las plagas de mayor repercusión económica para la producción del maíz en España”, según el informe Evolución de la superficie estimada de siembra de maíz modificado genéticamente en España, publicado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. El gen que se inserta en el material genético del maíz pertenece a la bacteria Bacillus thuringiensis de ahí el nombre del maíz transgénico: maíz Bt. Gracias a la información del gen de la bacteria, el maíz fabrica una proteína que mata a los insectos pertenecientes a la plaga del taladro que muerden la planta, lo que reduce los riesgos de pérdidas asociados a la plaga del taladro. Esta proteina solo afecta a esta variedad de insectos, siendo inofensiva para el resto de especies. 

El objetivo más importante del uso de transgénicos, según el cuaderno de seguridad del maíz MON810 de Monsanto, la principal empresa multinacional distribuidora de semillas de maíz transgénico en España, es “una disminución de los requerimientos de maquinaria o trabajos adicionales, necesarios para la protección del cultivo, lo que permite a los agricultores pequeños y grandes, un mejor aprovechamiento del tiempo y de los recursos”.